Reseña invitado: R13

Reseña: un profesor ajeno al equipo y con experiencia en la docencia de E/LE nos ofrece su visión sobre la enseñanza.

En esta ocasión se ocupa de la Reseña Federico Escudero, profesor de E/LE,y actualmente lector de español en la universidad de Belgrado. Podéis ampliar la información sobre Federico Escudero accediendo a la pestaña de RutaEle web Autores:

En primer lugar, quiero agradecer al equipo de Rutaele que haya confiado en mí para escribir la reseña de este nuevo número de la revista Comecocos. Poco puedo añadir a lo dicho por mis predecesores, todos ellos con una gran trayectoria a sus espaldas. Solo, quizá, hablar del viaje, de la ruta que lleva a cabo un profesor de español. Para ello voy a tomar como referencia al mitólogo Joseph Campbell, que  describió en su libro El héroe de las mil caras el itinerario que todos los héroes realizan en las narraciones épicas. Al igual que el héroe clásico, tú también eres un héroe. De ti, de nosotros, quiero que hablemos.

Todo comenzó un día en donde algo en tu interior te hizo ver que tenías un talento especial. Puede que fuera la necesidad de explicar lo que habías aprendido en clase con tus muñecos de auditorio, a lo mejor fue el gusto por la lectura, tal vez el interés por conocer las reglas que subyacen en la partitura del idioma, quizá la atención a la sonoridad de las palabras o abrir un diccionario al azar por puro gusto. No sabías qué hacer con ese don, ni tampoco cómo aprovecharlo, y nunca te imaginaste que podría ser la semilla de una profesión.

Un día recibiste la llamada de la aventura. Quizá fue cuando diste clases por primera vez y te encontraste con caras entre el interés y la indiferencia, pero sabías a pesar de todo que era eso a lo que querías dedicarte.

A lo mejor rechazaste la llamada. Quizá dudaste. Hubo voces que te desalentaron, que te decían que aquello no tenía futuro, que hicieras otra cosa, que había que pensar con la cabeza, con el estómago, incluso con los bolsillos de los pantalones, pero nunca con el corazón.

Puede que recibieras el apoyo de un mentor más sabio que tú, de aquel profesor que siempre recordarías, en aquellas clases en las que el tiempo psicológico nunca coincidía con el tiempo real porque el primero era mucho más corto que el segundo. Fue entonces cuando comprendiste que era mejor que el tiempo fluyera haciendo una actividad placentera que hacer algo impuesto, que es mucho más gratificante el camino que uno mismo ha escogido que el que otros pretenden imponerte y que para vivir una vida auténtica tienes que dedicarte a algo que realmente ames. ¿Recuerdas esa escena de Cinema Paradiso? Totó abandona su pueblo natal en el sur de Italia y se despide de Alfredo, su mentor. Solo le da un consejo: Hagas lo que hagas, ámalo con todas tus fuerzas.

Cruzaste el primer umbral. Al principio sentías cosquillas en el estómago antes de entrar a clase, pasabas horas entre manuales, páginas web y recursos didácticos. Estabas en el laberinto pero sin hilo de Ariadna. Estabas perdido en el bosque porque los árboles no te dejaban verlo. Todo tu método se reducía al ensayo-error y tu sentido de la autocrítica era tan grande que si algo fallaba siempre pensabas que era responsabilidad tuya.

Encontraste pruebas, aliados, enemigos. Unas veces no te sentías comprendido, otras, tu filosofía de enseñanza no coincidía con la del centro en el que trabajabas. En algunas ocasiones tuviste que sacrificar algunos de tus principios y en otras te sentiste abandonado y solo, harto de los contratos basura, del intrusismo laboral, de las aulas masificadas y de la nula implicación de los políticos en la acción cultural española en el exterior de la que tú formabas parte. Sentiste ganas de tirar la toalla, de reciclarte de cualquier otra cosa, pero te diste cuenta de que no estabas solo, de que decenas de manos se alzaban para ayudarte, para aconsejarte, para decirte que no te rindieras, que siguieras adelante.

En la red encontraste ayuda, en tus colegas, apoyo, en tus alumnos, motivación y entusiasmo. Y en ese momento descubriste que tu sexto sentido para escuchar una canción, ver un folleto publicitario o un cortometraje y pasar horas diseñando actividades para introducirlo en el aula es algo que merece la pena y que este es uno de los trabajos en los que más a menudo vas a escuchar “gracias”, “ánimo” y “adelante”. Que lo que haces no es una botella de cristal arrojada al océano porque siempre encuentra un destinatario, que, al igual que los hombres-libro que habitan en el bosque en Fahrenheit 451, también hay lugares en los que son como tú se reúnen: espacios reales (congresos y encuentros), virtuales (como ruta ele), espacios donde compartir, donde aprender unos de otros.

Unos parten a la aventura y otros ya llevan un camino andado. A veces tú serás el mentor, otras veces el discípulo. Sabes que nunca se acaba de aprender, que tu esfuerzo se suma al de otros y que las amenazas externas pierden sentido porque comprendes que estás haciendo lo que realmente amas. Y no quieres dedicarte a otra cosa porque tu trabajo te hace sentirte realizado y porque tu profesión forma parte de tu identidad al mismo nivel que tu nacionalidad, la lengua que hablas o el color de tus ojos.

Ya lo has comprendido ¿verdad? En el fondo, lo sabías desde hacía tiempo pero ahora lo has interiorizado. Querías ser guardián de la palabra y te convertiste en su transmisor porque te diste cuenta de que los tesoros no están para guardarlos sino para compartirlos. Y que lo que haces, lo que hacemos, es algo realmente hermoso y que merece la pena.

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